La Costa Amalfitana un equilibrio perfecto entre la belleza espontánea de la naturaleza y la creada por el genio del hombre.

 
Un diamante en bruto transformado por el hombre en una joya refinada, un trabajo que ha requerido tiempo, esfuerzo y, ante todo, la atención necesaria para llegar a un equilibrio tan perfecto entre la belleza espontánea de la naturaleza y la creada por el genio del hombre: esto es la Costa Amalfitana.

Y el resultado de todo este esfuerzo es evidente. Se puede ver ya al llegar a Vietri sul Mare, puerta de entrada de la Divina Costa.

Dondequiera que miremos nos quedamos fascinados por los intensos y brillantes colores, por la luz que emana de cada rincón, como si el sol les tuviera reservado un trato especial, por las formas que la naturaleza ha grabado en los acantilados, por el azul cobalto del mar que en un punto indefinido se encuentra con el azul del cielo, por las pequeñas y pintorescas casas agarradas a la roca, por los rastros dejados por antiguas civilizaciones, por las obras maestras expuestas en este museo natural, por la alegría y la serenidad que transmite la gente, por el aroma intenso de los limones y el color de los olivos, viñedos y jardines en flor.
Un escenario que encontramos en todos los pequeños pueblos que desfilan a lo largo de la costa.

Amalfi, con un precioso paseo marítimo del que fluyen las características callejuelas, callejones y escaleras, una de las cuales lleva a la antigua Catedral con su espectacular fachada de mosaico.

Atrani, uno de los pueblos amalfitanos más pintorescos y sugerentes, con el blanco de las casas interrumpido por los colores brillantes de los jardines. Ravello, elegante y refinado, con la Catedral y las espléndidas Villa Cimbrone y Villa Rufolo, sede del famoso Festival, mezcla armoniosa de estilos y épocas diferentes, ambas rodeadas por maravillosos jardines en forma de terraza que dan al mar.
Minori, valioso por la belleza de su naturaleza y por la villa Romana del siglo I d.C, decorada con estucos, mosaicos y frescos.

Praiano, para descubrir recorriendo los senderos que se despliegan en una naturaleza única, o visitando sus memorias históricas y artísticas, entre las cuales se encuentra la Iglesia de San Luca Evangelista, que custodia espléndidos lienzos del siglo XVI.

Positano, una joya encastrada entre acantilados rocosos, con las tres pequeñas islas “Sirenuse” poco lejanas de la costa. Los colores de las casas se mezclan con los de las boutiques, los de los laboratorios artesanales y y con los de los refinados bares que animan la vida en las estrechas callejuelas de este pueblo.

No hay que dejar de ver la Gruta de la Esmeralda, rica en estalactitas y estalagmitas; su nombre se inspira en la intensidad del color que se desprende en toda la gruta gracias a la luz del sol que penetra a través de grietas en la roca.

Unas vacaciones con infinitas oportunidades son las que propone el Cilento, otro núcleo interesante de la provincia que, además de un paisaje estupendo, presume de muchas y hermosas localidades turísticas, y es cuna de importantes yacimientos históricos y arqueológicos. Maravillosas rutas por los caminos que cuentan milenios de historia, con un mar de mil colores y matices y franjas de arena inmaculada que los enmarcan.
La famosa Marina de Camerota es una pequeña perla de la costa, una localidad en la que destaca su pequeño puerto, sus pequeñas y blancas calas y sus espléndidas grutas.

La costa de Palinuro es encantadora, abrupta y esculpida por numerosas cavidades naturales, como la Gruta Azul. Manantiales de agua cristalina, lagos, ríos y arroyos inmersos en el verde puro que caracteriza el interior del Parque Nacional que alberga las sugerentes Grutas de Castelcivita y las Grutas del Ángel.

Paestum, conocida como la “Llanura de los dioses”, con los tres templos griegos mejor conservados del mundo, un patrimonio de incalculable valor que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad.
Magníficos por la noche y aún más sugerentes de día, cuando los tres templos – el Templo de Hera, el más antiguo, el Templo de Neptuno, el más grande, y el Templo de Ceres, dedicado en realidad a la diosa Atenea – adoptan colores diferentes según la inclinación del sol. En el Museo Arqueológico Nacional se exponen valiosos restos, entre los que se hallan 33 metopas que decoraban el Templo de Hera y los frescos de la Tumba del Tuffatore (saltador) que se remontan a finales del siglo V a.C.
Dentro del Parque se encuentra el majestuoso complejo de la Cartuja de San Lorenzo, más conocida como Cartuja de Padula, uno de los monasterios más grandes del mundo.

Salerno, capital de esta magnífica tierra, tiene una zona moderna, concentrada en la costa alrededor del puerto, y un casco antiguo típicamente medieval, situado a los pies del Castillo Arechi, desde el que se puede disfrutar de unas extraordinarias vistas del Golfo.

Entre los testimonios históricos de mayor interés no se pueden dejar de visitar la Catedral de San Mateo, con su espectacular puerta de bronce y el alto campanario de forma cilíndrica, y la Iglesia de San Giorgio, finamente decorada con valiosos muebles y pinturas. También merecen una visita el Museo Arqueológico Provincial, que alberga una colección expositiva que va desde la prehistoria hasta finales de la época imperial romana, y el Museo Diocesano, con obras y objetos de arte además de una rica colección numismática.
 
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